Crónica de una boda

Hace demasiado que no escribo por aquí, y qué mejor forma de hacerlo que con algo que me ha dado el coñazo varios meses. Los que me conozcáis o me sigáis por twitter, ya sabéis de qué hablo; ya que llevo quejándome ni se sabe cuánto tiempo sobre ello.

No me gustan las bodas. Aborrezco seguir las tradiciones. No me sirve el “siempre se ha hecho así”. Odio el “tienes que” y el “no puedes”. Detesto el protocolo. Me incomoda toda la farándula que implica una celebración de esas características y todo lo que conlleva: desde el madrugón para adecentarte la cabeza y cara en la peluquería, al tener que brindar con cava aunque su sabor te produzca arcadas, pasando por el besuqueo constante a familiares y conocidos porque eres la hija de. Y no me hagáis hablar de las semanas previas en las que no dejas de escuchar cosas como “¿Qué te vas a poner?”, “¿Cuándo vamos a comprar la ropa para la boda?” o “¿Tienes todo ya para el sábado?”. Sigue leyendo